"Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos."
Julio Cortazar, Rayuela, capítulo 73.
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jueves, 13 de marzo de 2014

fueron los franceses

Elle s'appelait Sarah (Gilles Paquet-Brenner, 2010)

Una película "de ingredientes" (investigación periodística, suspense, emoción, lágrimas...) pero que aborda con valentía un asunto escabroso al que muy pocos se atreven a mirar a la cara.


 Cuando se habla de nazis, de holocaustos, de cámaras de gas, de antisemitismo, de eliminación sistemática de judíos... todos hablan de alemanes, todos pensamos en alemanes... Pero también FUERON FRANCESES, también fueron rumanos, húngaros, holandeses, belgas, italianos, griegos... y españoles...


Alguien dice en un momento... "qué horror! que esto ocurriera en el mismísimo Paris... es vomitivo!" Junto a quien esto dice, otra persona, más sensata, le recuerda que hoy siguen pasando estas cosas, en Iraq, en Afganistán, en Siria... en tantos sitios... y las vemos por la tele tranquilamente.


El verdadero horror, el único horror es individual, no es estadístico, no depende de que las víctimas sean muchas o pocas. El verdadero horror es el que hace que no sea posible vivir con él, el que hace que quien sobrevive al horror y a la muerte no pueda soportar el haber sobrevivido.

jueves, 13 de febrero de 2014

Un poco de chocolate


El amargo dulzor de un poco de chocolate que llena nuestros sentidos, nuestras ansias, nuestras esperanzas, y que evoca nuestros recuerdos... los tristes, los alegres, los que fueron alegres pero hoy ya son tristes, y los que quizá fueron tristes pero ahora, al revivirlos, nos crean una agradable sensación de tímida alegría un tanto dulce y algo amarga.


Recuerdos del pasado vividos en presente y en futuro, como el viejo tranvía de color amarillo en el que viajan nuestras ilusiones de ayer y de hoy hacia las cumbres cercanas a un cielo lleno esperanza dulce y amarga.


Amor, recuerdo, pena, olvido, ilusión tristeza, esperanza de un final que es un principio... ilusiones del pasado, ilusiones del presente, ilusiones del futuro... ilusiones...


Aitzol Aramaio nos dejó una ilusión para siempre, la ilusión de un cine de verdad, un cine para soñar... para soñar los sueños que él dejó aquí y todos los que se llevó con él para siempre...

Aitzol Aaramaio (1971-2011)



martes, 28 de enero de 2014

pena y piedad


Le chagrin et la pitié
Tristeza y piedad...

Una película-documental larga y densa, pero sobre todo de magnífica factura. Esta película, que dura alrededor de cuatro horas largas, es un ejemplo de cómo se hace un buen documental. No pretende ser objetiva, pero tampoco pretende mostrar un solo punto de vista. No le bastan las preguntas y las respuestas, ni los extractos de filmaciones de la época. Los primeros planos de algunos de los que protagonizaron aquellos difíciles años de la historia europea, más concretamente de la historia de Francia, hablan por sí solos. Las miradas que se enfrentan a la cámara, o que la rehuyen mientras tragan saliva, dicen tanto como las palabras pronunciadas...


Los protagonistas son casi siempre hombres. No hay casi mujeres... pero algunas de las mujeres que aparecen en esta película lo hacen ocupando el lugar que les corresponde en un mundo de hombres, haciendo el papel de protagonistas desde un segundo plano. Mujeres que intuyen la carga de profundidad de las preguntas, que se nota en su cara que han comprendido la encerrona que les está preparando el entrevistador mucho antes que los hombres encargados de responderlas.


 Durante mucho tiempo el silencio y la ocultación, el disfraz interesado de algunos acontecimientos, las interpretaciones interesadas de otros, la manipulación de muchos otros... fueron la única forma de la memoria francesa de aquellos años en los que la colaboración con el nazismo fue en muchos casos más que colaboración, en que la resistencia existió, pero no tanto... en que no todo era tan sencillo como algunos todavía quieren creer y quieren que creamos.


La película de Marcel Ophüls rompía en 1969 con el silencio, con los lugares comunes, con la visión políticamente correcta; y enfrentaba a los franceses con la necesidad de hacer memoria, de asumir responsabilidades y de encarar el futuro sin esconder el pasado.


Francia no parecía estar preparada todavía para este ejercicio de sinceridad y la película encontró muchas dificultades para su exhibición.


Woody Allen, en su gran película "Annie Hall" hace un despliegue de referencias a hitos clave de la intelectualidad neoyorkina de los años 70. Entre ellos, junto a las apariciones de Marshall McLuhan y de Truman Capote, figuran la película "Face to Face" de Ingmar Bergman y "Le chagrin et la pitié" de Marcel Ophüls que es reiteradamente mencionada a la largo de la película.

domingo, 19 de enero de 2014

Sometimes in April


Todos los años en abril vuelve a llover...

Todos los años, todos los meses, todos los días... llueve sobre mojado... los tentáculos de la propaganda oficial llegan a todas partes y por todos los medios. El cine es uno de ellos y no de los menos importantes, aunque no tanto como la televisión...

Una película bien hecha... bastante bien hecha... No es tan plana como otras... hay resquicios por los que se cuelan algunos malos que hacen cosas buenas... los malos no siempre son malos absolutos... menos mal.

Sin embargo es una más de las películas que nos cuentan la versión oficial. No sólo nos cuentan la versión oficial... instalan en nuestras mentes, en nuestras creencias, los esquemas para que veamos el mundo como quieren que lo veamos.

Los textos que siguen han sido copiados de un espléndido artículo de Jaume Peris Blanes titulado "Ruanda y Occidente: de la instrumentalización del genocidio como arma política".

"Tanto Kagame como sus voceros en Occidente han tratado de trazar paralelismos constantes entre el exterminio de los judíos y el de los tutsis, y han hablado de la necesidad de erigir una memoria activa similar en ambos casos. Siguiendo una estrategia similar a la de Israel, tachan de negacionista a cualquiera que ose criticar la política de la Ruanda actual y de denunciar su política invasiva, deshumanizada y genocida frente a otras poblaciones. De igual modo que el gobierno israelí, el gobierno ruandés ha instrumentalizado la memoria de la masacre para legitimar su propio ejercicio de la violencia, que se parece de forma siniestra a aquel que se empeña en recordar."

"En la última década, múltiples ensayos, novelas y películas han tratado el caso del genocidio ruandés, otorgándole una visibilidad realmente sorprendente con respecto a otros conflictos africanos. Películas como Hotel Rwanda (2004), Shooting dogs (2005) o Shake hands with the devil (2004), así como múltiples documentales televisivos y cinematográficos popularizaron una versión de los hechos que, en sus rasgos mayores, habían construido las agencias de prensa occidentales unos años antes, y cuya fuerza simbólica residía en inscribir el conflicto de Ruanda en la retórica de la memoria del horror que con tanta fuerza se había instalado en los medios de comunicación occidentales desde los años noventa, y que había tenido como referente fundamental el exterminio de los judíos en los campos de concentración nazis."

"La conceptualización del genocidio ruandés como el resultado de un conflicto étnico permite inscribirlo en un espacio magmático y en teoría ajeno a la comprensión de los ciudadanos occidentales. Esta conceptualización, lejos de ser inocente, produce efectos de largo alcance: como suponemos que los africanos se masacran entre ellos
desde siempre por razones étnicas incomprensibles para los blancos, el genocidio ruandés sería un episodio inevitable, casi normal entre ellos, en el que los occidentales no tienen nada que ver
."

"La idea de que el único „pecado‟ de los países occidentales en Ruanda fue no intervenir militarmente cuando se estaba a tiempo de evitar la matanza es rigurosamente falsa. Por una parte, propone la idea de que los salvajes ruandeses hubieran podido ser salvados de ellos mismos por los civilizados occidentales, pero nuestra pasividad burocrática lo impidió: es un mensaje implícito para legitimar futuras intervenciones militares en conflictos de todo el mundo. Por otra parte, trata de ocultar la profunda imbricación del genocidio ruandés con las luchas de poder de potencias occidentales y con el proceso de implantación en África del capitalismo global."

"Además, y en otro orden de cosas, el genocidio de 1994 fue financiado, por lo menos en parte, con el dinero sacado de programas de ayuda internacionales, tales como la financiación proporcionada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional bajo un Programa de Ajuste Estructural. Se estima que se gastaron 134 millones de dólares en la preparación del genocidio camuflando la adquisición de machetes con excusas agrícolas."

"La idea de que Kagame y el Frente Patriótico de Ruanda fueron quienes pusieron fin al genocidio de tutsis es cierta, pero del mismo modo que ambos son responsables de matanzas de cientos de miles de hutus en su avance hacia Kigali, en 1994, y de haber desencadenado las dos guerras del Congo. La segunda Guerra del Congo, también conocida como la Guerra Mundial Africana o la Guerra del Coltán (1998-2003) costó la vida a unos 4 millones de personas: nadie duda de que Kagame es uno de sus máximos responsables. Por ello, convertir a los tutsis ruandeses en las únicas víctimas del conflicto y a Kagame en su liberador constituye no sólo un error histórico, sino una cortina de humo destinada a legitimar la intervención militar ruandesa en el Congo con el beneplácito de las grandes empresas occidentales que se han lucrado con esa guerra y con sus millones de muertes.
La vinculación entre Kagame y los Estados Unidos venía de lejos. Con solo 4 años de edad, Kagame fue uno de los 160 000 tutsis que tuvieron que salir de Ruanda en 1959 tras la revuelta que dio por primera vez el poder a los hutus. Creció en Uganda, donde luchó con la guerrilla que derrocó a Milton Obote, dirigida por el actual presidente Yuweri Museveni. Con el derrocamiento de Obote y la llegada de Museveni al poder, los tutsis ruandeses que habían participado en la guerrilla fueron apoyados por el nuevo gobierno ugandés para crear el Frente Patriótico de Ruanda (1985), con la intención no disimulada de retomar militarmente Ruanda treinta años después de su expulsión y devolver la hegemonía perdida a los tutsis
."

etc.. etc...

En esta película, en cambio, lo que vemos es otra cosa... es lo que quieren que veamos... Estados Unidos no intervino cuando debería haber intervenido... lo que no nos cuentan es que Estados Unidos no intervino para parar las masacres porque eran ellos quienes las habían desatado... En la película se puede ver cómo los soldados del FPR llegan como salvadores, tomando con brazos amorosos a un niño abandonado en un pantano, mientras la música de fondo hace que parezcan todavía más angelicales... Pero no nos muestran las crueldades de las que se valieron los soldados del FPR... las únicas crueldades eran las del ejército gubernamental y las de las hordas de salvajes "hutus"...

"las políticas de memoria que han hecho del genocidio ruandés de 1994 un Holocausto africano y que han movilizado la industria de la cultura global para golpear la conciencia occidental con él" sirven a los intereses de los paises del mundo rico y de las grandes multinacionales desviando la atención de lo que ocurre en el Congo desde 1996... "La potencia simbólica que ha ganado el genocidio del 94 en la imaginación occidental ha servido para legitimar la presencia de Kagame y los suyos (las víctimas del genocidio) en otros territorios (el Congo) y su vinculación con empresas estadounidenses y europeas que se benefician y financian el pillaje de recursos que estos realizan. En última instancia, las políticas de memoria sobre el genocidio tratan de ocultar la responsabilidad de empresas como Alcatel, Compaq, Dell, Ericsson, HP, IBM, Lucent, Motorola, Nokia, Siemens, AMD, AVX, Epcos, Hitachi, Intel, Kemet, NEC, involucradas activamente en el expolio del coltán en el Congo y, por tanto, responsables económicos de un conflicto que ha costado más de cuatro millones de muertos, miles de mujeres violadas y, cientos de miles de desplazados y toda una región devorada por una violencia."


sábado, 18 de enero de 2014

Propaganda oficial


"Hotel Rwanda" y "Shooting Dogs" son dos películas que insisten en recordarnos la historia oficial de los trágicos acontecimientos que tuvieron lugar en Rwanda en 1994.

"Hotel Rwanda", la más propagandística de las dos, recuerda a otra película de propaganda oficial: "El Cónsul Perlasca". En esta última cuentan la historia de un italiano, fascista además, que se se dedica con la pasión de la bondad de libro a salvar judíos de los criminales inhumanos nazis. "Hotel Rwanda" cuenta una historia parecida. En este caso es un miembro de la "etnia" hutu, muy occidentalizado y acomodado, quien se dedica a salvar tutsis de las garras de los sanguinarios hutus que según la propaganda oficial cometieron uno de los mayores genocidios del siglo XX.

La propaganda oficial, tal como se espera de una buena propaganda, simplifica los acontecimientos al máximo y los resume como un genocidio en el que hay buenos y malos, víctimas y verdugos. Según la propaganda oficial inculcada en las mentes de todos desde hace veinte años y que ha dado lugar a numerosas películas, libros, artículos, documentales y programas televisivos en todos los países occidentales, en 1994, durante 100 días, en Rwanda, pequeño país africano en la región de los Grandes Lagos, se cometió un genocidio en el que una "etnia" se dedicó de forma sistemática a exterminar a los miembros de otra "etnia". La "etnia" asesina y sanguinaria es la de los hutus y la "etnia" que supuestamente se trató de exterminar es la de los tutsis. El resultado fue, siempre según la propaganda oficial, que casi un millón de tutsis (la cifra que suelen utilizar es la de 800.000 víctimas) fueron masacrados salvajemente a machetazos por los hutus. También según la propaganda oficial, la matanza terminó cuando llegaron los salvadores de Rwanda: los tutsis del FPR (Frente Patriótico Rwandés) que derrocaron al gobierno legítimo de mayoría hutu para establecerse en el poder, en el que todavía continúan hoy, veinte años después.

Sin embargo, las cosas nunca son tan sencillas. Para empezar los hutus y los tutsis son son dos etnias. Y si en la actualidad se consideran como tales, se trataría en todo caso de dos etnias "fabricadas" por los colonizadores belgas, quienes, imbuidos de un racismo científico, clasificaron a la población de sus colonias en dos grupos étnicos diferenciados, cuando en realidad sólo les diferenciaba su papel en la jerarquía social. Los tutsis constituían una minoría (alrededor del 10% de la población de Rwanda) dirigente, mientras que los hutus, el 90% de la población, conocían una larga historia de sometimiento. Los colonizadores buscaron favorecer a los tutsis con el fin de facilitar el mantenimiento del control de la población.

Tras la independencia, al abolirse el viejo reino tutsi, se constituyó una república que fue gobernada por el grupo mayoritario hutu. Muchos siglos de dominación tutsi habían alimentado los rencores contra los miembros de esta "etnia" y fueron muchos los tutsis que abandonaron Rwanda para refugiarse en la vecina Uganda en donde, con apoyo occidental, se organizó el FPR (Frente Patriótico Ruandés).

Lo que después se ha llamado el "genocidio ruandés" de 1994, no es sino el resultado de un plan diseñado por las potencias occidentales y por las grandes multinacionales interesadas en los recursos naturales del Congo.

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miércoles, 8 de enero de 2014

El cónsul Perlasca: la escenificación del bien



 Si el mal es banal, es decir, algo tremendamente común, el bien no lo es tanto. El bien es un ideal, una aspiración, pero cuando se escenifica como se hace en esta película, penosa en todos los aspectos, es un medio más de contaminación de las mentes por medio de la simplificación que mutila la realidad histórica, siempre ambigua y plagada de matices y de claroscuros, reduciéndola a las tranquilizadoras dicotomías del maniqueísmo.


El bien se convierte en buenismo y el mal en una perversión absoluta. Unos son buenos y nunca pueden ser malos, mientras que otros son malos por naturaleza e incluso, tal como se hace en esta película, se definen a sí mismos como malos absolutos.

Se da la circunstancia, además, que en esta película los buenos son un fascista italiano y un fascista español... los nazis, tan fascistas como ellos, sin embargo, no tienen salvación posible, son lo peor de lo peor... escoria, basura inmunda...

Por otra parte... la película está muy mal hecha... probablemente seas la forma de obtener mayor audiencia y éxito entre un público cada vez más adocenado que lo que quiere es divertirse un rato mientras ve en la pantalla crímenes horrendos perpetrados por los malos a los que se enfrentan los buenos para evitarlos.
"Es infinitamente más fácil tomar posición en favor o en contra de una idea, un valor, una persona, una institución o una situación, que analizar lo que es en realidad, en toda su complejidad." (Pierre Bourdieu)