"Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos."
Julio Cortazar, Rayuela, capítulo 73.
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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Der Totmacher - El fabricante de la muerte


El caso real de un asesino en serie que, en el año 1924, confesó con frialdad que había asesinado a 24 jóvenes a quienes posteriormente descuartizó. No había odio, no había crueldad, todo era debido a un impulso irrefrenable... Ningún sentimiento de culpa anidaba en él, a pesar de que sabía que lo que hacía podía ser merecedor del máximo castigo...



"El demonio está por todas partes... porque vive dentro de nuestros corazones"


La película, rodada en el mismo despacho en el que Fritz Haarmann fue interrogado en 1924, durante seis semanas, por el Doctor Schulze, utiliza literalmente los textos que se conservan taquigrafiados de aquellas entrevistas. La interpretación de los actores es prodigiosa.


 

martes, 10 de diciembre de 2013

No reconciliados

Nicht versöhnt oder Es hilft nur Gewalt wo Gewalt herrscht (Jean-Marie Straub, 1965)

No reconciliados o sólo la violencia ayuda donde la violencia reina


 Porque a veces no es posible la reconciliación. Ni siquiera con uno mismo. Porque la reconciliación exige entender al otro y acogerle y esto no es nada fácil. Ni siquiera para quienes hablan de reconciliación.



Quienes se adaptan siempre al poder, al sistema establecido, hablan de reconciliación para que se les reconozca su derecho a seguir mandando, pero son peores cuando tratan de hacer "el bien" que cuando cometían sus crímenes. Porque los crímenes, al parecer, sólo los cometen los otros, los de siempre, los que se rebelan...


Los responsables de tantos y tantos asesinatos en las cunetas, de tantas y tantas torturas en las comisarías, y sus herederos políticos... hablaban y hablan de reconciliación para que sus víctimas no les recuerden sus crímenes. Si sus víctimas se rebelan contra ellos y cometen actos criminales... entonces no hay reconciliación posible,  ahora ellos son las víctimas. Los asesinos se han convertido en víctimas y no están dispuestos a reconciliarse...


Jean-Marie Straub recrea para la pantalla la novela "Billar a las nueve y media" de Heinrich Böll, por medio de fogonazos, requiebros, a la manera del teatro de Bertolt Brecht, por medio de actores que recitan y que transmiten mensajes breves, que llegan al espectador como dardos...


reseña

lunes, 2 de diciembre de 2013

Mein Kampf


Fantástica adaptación al cine de la estupenda obra teatral, del mismo título, de György Tabori.


 Asistimos a la representación de una alegoría en la que, a través de una época de la vida del joven Adolf Hitler, revivimos la historia de unos años que fueron terribles para millones de seres humanos y que han marcado a muchos millones más.


Asistimos a una farsa tan real como lo que, a pesar de parecer irreal, no fue una farsa, sino una auténtica catástrofe. El joven Adolf, un huérfano prematuro, escapa de una infancia difícil, en la que fue maltratado y vilipendiado. Llega a Viena sin dinero, para ser también vilipendiado, despreciado y maltratado. 


El joven Adolf Hitler es una víctima que se hace una coraza que le protege. Una coraza hecha de arrogancia, de soberbia, de superioridad y de desprecio hacia quienes la sociedad dirige sus desprecios... Una coraza que le protege, que esconde sus debilidades, sus sufrimientos, su nulidad... y que le hace sentirse algo, alguien. Se siente alguien siendo superior a otros, despreciándolos, maltratándolos y vilipendiándolos...


Un viejo judío le acoge como si fuera un hijo y le disculpa porque tan solo "es joven y un poco bruto". Un viejo que tiene esperanza en que todo lo que ve no sea más que una locura pasajera, que todo se arreglará, porque no es natural que sea así. Tiene esperanza, porque "la vida es esperanza".


Un viejo judío al que el joven Adolf Hitler desprecia, escupe, denuncia... "porque es judío" y no es más que un gusano. Un viejo judío que sigue cuidando de él a pesar de todo y que incluso trata de salvarle de la muerte alegóricamente. 


Un viejo que escribe un libro al que decide titular "Mi lucha" (Mein Kampf)... porque es su forma de luchar contra la muerte, porque contra la muerte, "gana el amor"... y porque "la alegría del hombre, es la alegría de Dios... en pequeñas dosis..."



domingo, 1 de diciembre de 2013

todos somos Eichmann


En esta película realizada exclusivamente a partir de las grabaciones del juicio que tuvo lugar en 1961 en Jerusalén, podemos intuir algo de lo que era Adolf Eichmann. Un burócrata minucioso, detallista, ordenado, con una gran capacidad para organizar asuntos complejos. A él le tocó organizar el sistema de transporte ferroviario del material humano que el III Reich decidió desplazar desde los campos de trabajo repartidos por Europa hacia los territorios ocupados del Este. Pero, a partir de esta película, también podemos intuir algo de lo que somos nosotros... todos nosotros.


Eichmann demostró a sus jefes sus dotes de organizador y como consecuencia le encargaron el trabajo de organizar los transportes. ¿Sabía Eichmann a dónde llevaban el "material humano" desplazado? ¿Sabía cuál era su destino? Probablemente sí lo sabía.


En el juicio declararon como testigos algunos judíos que formaron parte de lo que fueron los "Consejos Judíos" de los campos. Éstos también sabían a dónde se llevaban a sus compañeros, a quienes ellos elegían, cuidando de salvar a sus familiares y a los "protegidos". Eichmann obedecía las órdenes de sus superiores y podía haberse negado a hacerlo, con las consecuencias que es fácil imaginar. Las mismas consecuencias que hubieran padecido los miembros de los Consejos Judíos si ellos también hubieran desobedecido las órdenes de los SS que les obligaban a confeccionar las listas de los pasajeros hacia Auschwitz... pero a ellos no los juzgaban, ellos estaban sólo como testigos...


Eichmann, encerrado en su jaula de cristal, se muestra en todo momento como un hombre frío, educado, meticuloso, obediente y respetuoso con la autoridad de quienes le avasallan con sus preguntas. Es educado y respetuoso en sus respuestas a las preguntas irónicas y llenas de odio y de ansias de venganza del fiscal...

Pretenden que asuma su responsabilidad por lo que les pasaba a aquellas personas que para él no eran más que mercancias, material humano, cifras...


Durante el juicio proyectaron imágenes terribles de algunas de las consecuencias que tuvo el meticuloso trabajo de este burócrata de la industria del exterminio...


Hay también otras imágenes que podrían proyectarnos a cualquiera de nosotros en las que podríamos ver las consecuencias trágicas de nuestra forma de vida, de lo que consumimos...

Los teléfonos móviles, ordenadores, tabletas y muchos otros aparatos electrónicos requieren para su fabricación de un mineral: COLTAN. La mayor parte de este mineral procede del Congo. En los últimos 15 años han muerto en el Congo 5 millones de personas como consecuencia de la explotación de este mineral. Cientos de miles de personas, incluido niños pequeños, son esclavizados por señores de la guerra armados y financiados por las empresas occidentales y chinas y, en definitiva, por todos nosotros, para que podamos tener estos aparatos con los que hacemos cosas como esta que estoy haciendo yo ahora mismo...

¿Por qué no se lleva al banquillo de los acusados a los burócratas que organizan la fabricación de armas con las que se mata tanto "legalmente" como ilegalmente en África, en Afganistán, en Pakistán, en Irak, en México, en Colombia... y en tantos otros lugares de la Tierra, ahora mismo?

¿Asumimos nosotros nuestra responsabilidad por lo que ocurre en el mundo con nuestra colaboración?

A Eichmann lo condenaron a la pena de muerte y lo ejecutaron en la horca en la madrugada del 31 de mayo de 1962. Es sorprendente que este oficinista organizador de transportes fuera ahorcado, mientras que Albert Speer, uno de los colaboradores más próximos de Hitler, que fue ministro de Armamento durante la guerra, con mucha más responsabilidad en la muerte de cientos de miles de prisioneros que trabajaban esclavizados en las fábricas de armas del III Reich, sólamente fuera condenado a 20 años de prisión...

Eichmann fue un oficinista obediente, pero no es tan fácil ser desobediente en determinadas circunstancias... La mayoría de nosotros somos tan obedientes como Eichmann incluso en circunstancias mucho menos comprometedoras.



sábado, 30 de noviembre de 2013

fantasías masculinas


Ensayo de un crimen, o La vida criminal de Archibaldo de la Cruz, una película en la que Luis Buñuel muestra que las fantasías asesinas pueden ser suficientes para provocar la muerte de las víctimas.


Klaus Theweleit es un filólogo alemán que en 1977 publicó un libro titulado Männerphantasien (Fantasías masculinas). En este libro, su autor intenta describir el fascismo, no como el engendro de una ideología terrible, sino como una manera violenta de construir la realidad, una realidad asesina fundada sobre la violencia, no como consecuencia de unas ideas, sino como la expresión de los estados corporales devastadores que sufren sus protagonistas... (Klaus Theweleit lo explica así en el posfacio del libro Lo seco y lo húmedo de Jonathan Littell)


Archibaldo de la Cruz, un hombre solitario, misógino, con complejo de Edipo, que idealiza la figura de la mujer-madre, la mujer piadosa, la mujer pura y que siente deseos de asesinar la suciedad que ve en cualquier mujer real...


Jonathan Littell, en su libro, lo explica así: "Como el fascismo no puede eliminar por completo a la mujer..., la divide en dos figuras: la Enfermera (o la Castellana) blanca, virgen por supuesto, que suele morirse o, en cualquier caso, se petrifica, a menos que el fascista se case con ella, en cuyo caso desaparece sin más del texto; y la Enfermera (o la Prostituta) roja, a quien el fascista mata, para que permanezca su yo..."


blogs:

Los ensayos de Archibaldo


Bibliografía:

- Javier Muñoz-Basols, "Siempre hay algo dentro de uno que nadie conoce"

Imdb

jueves, 28 de noviembre de 2013

Z32


Al modo del teatro griego, los actores principales se ocultan tras las máscaras y el coro comenta la historia...


Sin embargo, en esta película, los actores no son actores y el coro es la sociedad israelí que acoge en el salón de su casa a los asesinos, que esconde a los asesinos en el salón de su casa, porque es una sociedad que necesita a los asesinos, que promueve la violencia porque está fundamentada en la violencia...


El coro interpreta y explica al modo de la opereta y del cabaret con un texto y una música que recuerda a los textos de Bertolt Brecht y a la música de Kurt Weil en la "Ópera de los tres peniques"


Los caimanes tienen dientes
que no tratan de esconder;
pero Mackie no nos muestra
su navaja, bien lo sé.
Un domingo descubrieron
un cadáver tirado en la orilla,
nadie dijo que vio una sombra
doblar la esquina sin mirar atrás.
Samuel Maier y otros ricos
nadie sabe dónde están;
Mackie tiene sus riquezas,
¿pero quién lo probará?
Jenny Towler fue encontrada
con herida de puñal.
¿Quién su muerte produjera?
¡Sólo Mackie lo sabrá!
Y el gran incendio en el Soho
siete niños y un anciano murieron,
Entre la multitud Mackie Messer,
no sabe no contesta.
Y la viuda jovencita,
cuyo nombre saben bien,
despertose ya violada;
¿Mackie, cómo pudo ser?
(Bertolt Brecht, Balada de Mackie Navaja)





En la película de Avi Mograbi, el asesino es una persona "normal",  que se esconde porque tiene miedo de lo que le puedan hacer sus víctimas, pero que no le gusta esconderse, le molesta esconderse y se enmascara con una máscara de rostro humano, porque sabe que él no es un monstruo, sabe que es una persona normal y que reivindica su "normalidad"...


Mata porque tiene que obedecer órdenes... pero le gusta... le gusta obedecer y le gusta matar... y quiere que su compañera le entienda, porque él no es un monstruo, quiere que lo explique ella para que se de cuenta de que cualquiera en su lugar haría lo mismo...

El soldado Z32 responde quizá al perfil del "hombre-soldado" y del fascista analizado por Klaus Theweleit en su libro Männerphantasien. Cuando cuenta cómo se acercó al cadáver del palestino desarmado al que acababa de asesinar habla de un cuerpo "viscoso"... una imagen que se repite en la literatura fascita. Según Theweleit, para el fascista la metáfora no se limita nunca a ser sólo una metáfora, de ahí la fuerza y la eficacia de las metáforas fascistas. En sus metáforas, como las ciénagas o lo viscoso y pastoso,  obran sensaciones físicas concretas que, para el fascista, son algo cierto que se puede tocar y sentir... (ver: Jonathan Littell, Lo seco y lo húmedo, p. 29)

Cualquiera en su lugar haría lo mismo...  pero su compañera se resiste a entender, se resiste a perdonar, aunque ella misma reconoce que quizá sea una hipócrita...

¿Cualquiera haría lo mismo?... ¿Todos somos unos hipócritas?...

Otros análisis de esta película imprescindible:

- Z32 ¿Amar a Eichmann?
- The banality of forgiveness
- Entrevista a Avi Mograbi
- Apuntes sobre el estilo en Z32
- Film-cebolla frente a film-testimonio
- Debate sobre Z32

martes, 26 de noviembre de 2013

nuit el brouillard


nuit et brouillard... noche y niebla... Nacht und Nebel

"El olvido del exterminio es parte del exterminio." Jean-Luc Godard


En alguna parte, entre nosotros, quedan kapos con suerte, jefes recuperados, soplones desconocidos.

Estamos nosotros, quienes miramos sinceramente esas ruinas, como si el viejo monstruo concentracionario estuviese muerto bajo los escombros, quienes fingimos retomar la esperanza ante esta imagen que se aleja, como si se curase de la peste concentracionaria, quienes fingimos creer que todo esto pertenece sólo a un tiempo y a un país, y quienes no pensamos en mirar a nuestro alrededor  y que  no oímos que se grita sin fin.


 Nacht und Nebel (NN) Esta expresión tiene su origen en el decreto Keitel de diciembre de 1941. Este decreto estableció un plan que consistía en hacer que los resistentes detenidos en su países originarios fuesen conducidos a Alemania haciendo que a partir de ahí nadie pudiese saber nada de la suerte que habían corrido; haciendo así desaparecer  cualquier huella, en "en la noche y la niebla". Los ideólogos del III Reich habían tomado la expresión de una ópera de Richard Wagner, "El oro del Rhin", en donde tal fórmula era mágica: permitía a quien la pronunciase desaparecer a los ojos del mundo. Posteriormente la expresión, gracias a la película , se popularizó, convirtiéndose en metáfora de la deportación; una operación de metonimización prolongada por la célebre canción de Jean Ferrat.



La voz que se escucha durante la película dice:


Incluso un paisaje tranquilo, incluso una pradera sobrevolada  por  cuervos, rica en cosechas y de  variadas plantas, incluso una carretera por la que pasan los coches, campesinos, parejas, incluso un pueblo de veraneo , con una feria y un campanario, pueden conducir con toda naturalidad a un campo de concentración.

 Le Struthof, Oranienbourg, Auschwitz, Neuengamme, Belsen, Ravensbruck, Dachau, Mauthausen, fueron nombres como otros cualquiera en los mapas y las guías.
 La sangre se ha secado, las bocas se han callado, los bloques ya no son visitados más que por una cámara. Un poco de hierba ha crecido y recubierto la tierra usada para el pisoteo de los concentracionarios. La corriente no pasa ya por los hilos eléctricos. Ningunos pasos  más que los nuestros.

 1933, la máquina se pone en marcha.

 Es necesaria una nación sin malas notas, sin querellas. La nación se pone a la tarea.

 Un campo de concentración se construye como un estadio, o un gran hotel, con empresarios, divisas, concurrencia, sin duda regado  con vasos de vino.

 Nada de estilos impuestos. Se deja a la imaginación. Estilo alpino, estilo garaje, estilo japonés, sin estilo.

 Los arquitectos inventan con calma estos porches destinados a no ser franqueados más que una sola vez.

 Durante ese tiempo, Burger, obrero alemán, Stern, estudiante judío de Ámsterdam, Schmulzki, comerciante de Cracovia, Annette, estudiante de Burdeos, viven su vida diaria, sin saber que ya tienen, a mil kilómetros de su casa, un plaza asignada.

 Y llega el día  en que sus bloques se han terminado,  no faltan ya más que ellos.

 Detenidos de Varsovia, deportados de Lodz, de Praga, de Bruselas, de Atenas, de Zagreb, de Odessa, o de Roma, internados de Pithiviers, pillados en la redada del Velódromo de Invierno ( Vel´d´Hiv), resistentes encerrados en Compiègne, un gentío de descubiertos in fraganti, de detenidos por error,  de arrestados al azar, se pone en marcha hacia los campos.

 Trenes cerrados, candados, amontonan a cien deportados por vagón, ni día, ni noche, el hambre , la sed, la asfixia, la locura. A veces llega una noticia, recogida por ahí. La muerte hace su primera selección. Una segunda se hace a la llegada en la noche y la niebla.

 Hoy, en la misma vía, es de día y hace sol. ¿Se la recorre lentamente, a la búsqueda de qué? ¿ De la huella de los cadáveres que se desplomaban nada más abrirse las puertas? O bien de los pasos de los primeros desembarcados empujados a garrotazos hasta la entrada del campo, entre los aullidos de los perros, los destellos de los focos, a lo lejos la llama del crematorio, en una de esas puestas en escena nocturnas que tanto gustan a los nazis.

 Primera mirada al campo: es otro planeta. Bajo el pretexto higiénico, la desnudez, entrega de golpe al campo , al hombre ya humillado.

 Palpado, tatuado, numerado, aprehendido en el juego de una jerarquía todavía incomprensible, vestido con el traje azul a rayas, clasificado a veces como << Nacht und Nebel>>, <<Nuit et Brouillard>>, marcado con el triángulo rojo de los políticos, el deportado ve de frente en primer lugar a quienes llevan el triángulo verde : los presos comunes, dueños entre los sub-hombres. Por encima: el kapo, casi siempre un preso común. Más arriba todavía: el SS, el intocable. Se le habla a tres metros. En la cima: el comandante. Lejano, preside los rituales. Da la impresión de ignorar el campo. ¿Quién no lo ignora, por otra parte…?

 Esta realidad de los campos, despreciada por quienes la fabrican, inaprensible para quienes la sufren, resulta  vano que intentemos descubrir nosotros  las claves.

 Estos bloques de madera, estas literas en las que se dormía de tres en  tres, copnanos en los que   esconderse , en donde se comía a hurtadillas, allí en donde incluso el sueño era una amenaza, ninguna descripción, ninguna imagen puede dar cuenta de su verdadera dimensión: la de un miedo ininterrumpido.

 Haría falta el colchón que servía para ocultar la comida y también de caja fuerte, la colcha por la que se peleaba, las denuncias, los juramentos, las órdenes retransmitidas en todas las lenguas, las bruscas entradas del SS imbuido de sobradas ganas de controlar o de gastar alguna novatada.

 Ante este dormitorio de ladrillos, de esos sueños amenazados, no podemos  mostraros más que la superficie, el color. 

 He ahí el decorado: estas construcciones que podrían ser cuadras, graneros, talleres, un terreno pobre convertido en terreno baldío, un cielo de otoño llegado a ser indiferente: he ahí todo lo que nos queda para imaginar esta noche cortada por llamadas de recuento, de control de piojos, noche que hace castañear los dientes. Hay que dormír con rapidez. Despertar a garrotazos, empujones, buscando los efectos robados.

 Las cinco, formación en la plaza del recuento. Los muertos por la noche habitualmente hacen  que no salgan las cuentas. Una orquesta interpreta una marcha de opereta a la hora de salir a la cantera, hacia la fábrica.

 Trabajo en la nieve que rápidamente será barro helado. El frío agrava las plagas. Trabajo en el calor de agosto con la sed y la disentería.

 Tres mil españoles murieron construyendo esta escalera que lleva a la cantera de Mauthausen.

 Trabajo en las fábricas subterráneas. De un mes a otro, se cubren de tierra, se hunden, se esconden, mueren. Llevan nombres de mujer: Dora, Laura.

 Estos extraños obreros de treinta kilos no inspiran mucha confianza. Y el SS les espía, les vigila, les hace reunirse,  les inspecciona y les cachea antes de volver al campo.

 Pancartas de estilo rústico reenvían a cada cual a su lugar de origen. El kapo no tiene nada más que hacer que contar las víctimas de la jornada. El deportado, por su parte, es embargado por la obsesión que dirige su vida y sus sueños: comer.

 La sopa. Cada cucharada no tiene precio. Una cuchara menos es un día menos de vida. Se cambia dos, tres cigarrillos, por una sopa. Muchos,   excesivamente debilitados, no pueden defender su ración contra los golpes y los ladrones.

 Esperan que el lodo, la nieve, los engulla.

 Extinguirse  teniendo una digna  agonía en cualquier lugar.

 Las letrinas, los accesos. Esqueletos con vientres de bebés acudían allí siete u ocho veces por noche. La sopa era diurética. Desgracia para quien encontrase un kapo borracho al claro de luna. Se observaba con temor, y se  acechaban los síntomas de inmediato familiares: <<hacer sangre>> era signo de muerte.

 Mercado clandestino: allí se vendía, se compraba, se mataba como si nada. Se  visitaba. Se imaginaba un plano de apartamento para la vuelta a casa. Se trasmitían noticias verdaderas y falsas. Se organizaban grupos de resistencia.

 Una sociedad tomaba forma. Una forma esculpida en el terror, menos alocada en cambio que la orden del SS que se expresaba por estos preceptos: << LA LIMPIEZA ES SALUD>> - << EL TRABAJO ES LA LIBERTAD>> - <<CADA UNO LO SUYO>> - <<UN PIOJO SUPONE LA MUERTE>>. ¡Así un SS!

 Cada campo reserva sorpresas: una orquesta sinfónica, un zoo, un invernadero en el que Himmler cuida sus frágiles plantas, el Roble de Goethe en Buchenwald. Se ha construido el campo al lado, pero se ha respetado el roble.

 Un orfanato efímero, constantemente renovado, un bloque de inválidos.

 Entonces el mundo verdadero, el de los paisajes calmos,  el de los tiempos de antes, puede aparecer a lo lejos,  aunque no tan lejos.

 Para el deportado era una imagen. Ya no pertenece más que a ese universo finito, cerrado, limitado por miradores desde los que los soldados vigilan la buena marcha del campo, mirando sin fin a los deportados, los mataban en ocasiones, a causa de su  falta de actividad.

 Todo es pretexto para chanzas, castigos, humillaciones. Los recuentos  duran horas. Una cama mal hecha: veinte bastonazos. Pasar inadvertido, no llamar  la atención de los dioses. Tienen su potencia. Su terreno para provocar la muerte.

 Este patio del bloque once, alejado de las miradas, apartado para el fusilamiento, con su muro protegiendo contra al estruendo de las balas. Este castillo de Hartheim, en donde los autocares con las ventanas tintadas conducen a pasajeros que no se volverá a ver.

 <<Transportes negros>> que parten de noche y del que nadie sabrá nunca más.

 Pero el hombre es increíblemente resistente:  aun con el cuerpo quemado de fatiga, el espíritu trabaja, las manos cubiertas de apósitos trabajan.

 Se fabrican cucharas, marionetas que se disimulan, monstruos, cajas.

 Se consigue escribir, tomar notas, ejercer su memoria con sueños. Se puede pensar en Dios.
 
 Se llega incluso a organizarse políticamente, disputarse con los presos comunes por el control interior de la vida del campo.

 Se ocupa de los camaradas más tocados…Se les ofrece alimento. Se crean lazos de ayuda. Como último recurso, se empuja con angustia a los más amenazados al hospital, a la enfermería ( Revier).

 Aproximarse a esa puerta era la ilusión de una verdadera enfermedad, la esperanza de un lecho. Suponía también el riesgo de una muerte por medio de una inyección.

 Los cuidados eran escasos, los medicamentos insignificantes, los vendajes de papel. La misma pomada sirve para todas las plagas. En algunas ocasiones, el enfermo hambriento come su apósito.
 Al final, todos los deportados se parecen. Se asemejan en torno a un modelo sin edad que muere con los ojos abiertos.

 Había un bloque quirúrgico. Por un momento, se habría imaginado uno ante una verdadera clínica.
 Doctor SS, enfermera inquietante…hay un decorado, ¿pero detrás? Operaciones inútiles, amputaciones, mutilaciones experimentales. Los kapos al igual que los cirujanos SS  hacen mano.

 Las grandes fábricas químicas envían a los campos envases con sus tóxicos productos. O bien compran un lote de deportados para sus experimentos. De esas cobayas, algunas sobrevivirán, castradas, quemadas con fósforo. Hay algunas cuya carne quedará marcada de por vida, más allá de su vuelta a casa.  De esas mujeres,  de esos hombres, los despachos administrativos conservan sus rostros, controlados al llegar.

 Los nombres son igualmente fichados. Nombres de veintidós naciones. Llenan centenares de registros, miles de ficheros. Un trazo rojo tacha los muertos.

 Deportados mantienen esta contabilidad delirante, siempre falsa, bajo la mirada atenta de los SS y de los kapos privilegiados.

 Estos últimos son los <<prominentes>>, la nata del campo.

 El kapo tiene su propia habitación en la que puede amontonar sus reservas y recibir por las noches a sus jóvenes favoritas.

 Muy cerca del campo, el comandante tiene su villa en donde su mujer contribuye a mantener una vida familiar y algunas veces hasta mundana como en cualquier otra guarnición. Tal vez se aburra un poco más: la guerra no quiere finalizar.

 Más afortunados, los kapos tenían un burdel. Prisioneros mejor alimentados, pero como los otros, destinados a la muerte.

 Algunas veces, de esas ventanas, cae algún trozo de pan para algún camarada del exterior.

 Así, los SS habían llegado a reconstruir en el campo una verdadera ciudad con su hospital, su barrio reservado, su barrio residencial, e incluso -sí- una prisión.

 Inútil describir lo que pasaba en los calabozos. Estas celdas calculadas de manera que uno no  podía ponerse ni de pie, ni tumbado, hombres y mujeres, fueron allí sometidos concienzudamente durante días a suplicios.

 Las salidas de aireación no evitaban que se oyesen los gritos.

 1942. Himmler llega al lugar. Es preciso aniquilar, pero con sentido de la productividad.

 Dejando la productividad a sus técnicos, Himmler se centra sobre el problema del exterminio . Se estudian planos, maquetas. Se ejecutan los planes, y los mismos deportados participan en los trabajos.
 Un crematorio, podía dar una imagen propia de una tarjeta postal. Más tarde - hoy- , turistas se hacen fotografiar allá.

 La deportación se extiende a Europa entera. Los convoyes se extravían, se detienen, vuelven a partir, son bombardeados, llegan al fin. Para algunos, la selección ya ha sido hecha. Para otros, se hará enseguida. Los de la izquierda irán a trabajar. Los de la derecha…

 Estas imágenes son tomadas poco antes de exterminarlos . Matar a mano toma su tiempo. Se piden botes de gas Zyklon.

 Nada distinguía la cámara de gas de un bloque ordinario. En el interior, una sala de duchas falsa acogía a los recién llegados.

 Se cerraban las puertas. Se observaba. El único signo - es preciso saberlo-, es el techo arañado por las uñas. Incluso el cemento se desconchaba.

 Cuando los crematorios son insuficientes, se organizan hogueras. Los nuevos hornos absorbían sin embargo varios miles de cuerpos al día.

 Todo es recuperado. He aquí las reservas de los nazis durante la guerra, sus graneros.

 Nada más que cabellos de mujeres…A quince pfennings ( moneda alemana) el kilo, con ellos se ha elaborado tejido.

 Con los huesos…abonos. Al menos se hacen pruebas.

 Con los cuerpos… no se puede decir nada…con los cuerpos, se quiere fabricar jabón.
 En cuanto a la piel…

 1945. Los campos se extienden, están llenos. Son ciudades de cien mil habitantes. Completos hasta los topes. La industria pesada se interesa por esta mano de obra indefinidamente renovable. Las fábricas tienen sus propios campos particulares con la entrada prohibida a los SS.
 
 ¡ Steyr, Krupp, Heinkel, I.G.Farben, Siemens, Hermann Goering ! se aprovisionan en esos mercados.
 Los nazis pueden ganar la guerra, estas nuevas ciudades forman parte de su economía. Pero las pierden.

 El carbón falta para los crematorios. El pan falta para los hombres. Los cadáveres obstaculizan las calles del campo. El tifus…Cuando los aliados abren las puertas…todas las puertas…

 Los deportados miran sin comprender ¿están verdaderamente liberados? ¿La vida cotidiana les va a reconocer y acoger?

 < No soy responsable>>, dice el kapo.

 << No soy responsable>>, dice el oficial.

 <<No soy responsable>>…

 ¿Entonces quién es responsable?

 En el momento en que os hablo, el agua fría de las marismas y las ruinas llenan los agujeros de los osarios, un agua fría y opaca como nuestra mala memoria.

 La guerra se ha calmado, tiene un ojo siempre abierto.

 La hierba fiel ha brotado de nuevo en la plaza del recuento alrededor de los bloques.

 Un pueblo abandonado, lleno de amenazas todavía.

 El crematorio está fuera de uso. Las astucias nazis han pasado de moda.

 Nueve millones de muertos llenan este paisaje.

 ¿Quién de nosotros vigila desde este extraño observatorio para advertirnos de la llegada de los nuevos verdugos? ¿Tienen realmente un rostro diferente al nuestro?

 En alguna parte, entre nosotros, quedan kapos con suerte, jefes recuperados, soplones desconocidos.
Estamos nosotros, quienes miramos sinceramente esas ruinas, como si el viejo monstruo concentracionario estuviese muerto bajo los escombros, quienes fingimos retomar la esperanza ante esta imagen que se aleja, como si se curase de la peste concentracionaria, quienes fingimos creer que todo esto pertenece sólo  a un tiempo y a un país, y quienes no pensamos en mirar a nuestro  alrededor  y que  no oímos que se grita sin fin.


Bibliografía:

+ Sylvie Lindeperg,  “ Nuit et Brouillard” . Un film dans l´histoire, Odile Jacob, 2007.

+ Sylvie Lindeperg, “ 'Nuit et Brouillard' l´invention d´un regard" in Jean-Michel Frodon ( sous la direction de), << Le cinéma et la Shoah. Un art à l´épreuve de la tragédie du 20 siècle>>. Éditions Cahiers du cinéma, 2007; pp., 85-109.

+ Jean Cayrol, "Nuit et Brouillard" in Oeuvre lazaréenne,  Seuil, 2007; pp., 991- 1001


Glosas a "Noche y Niebla" 

Testigos que desaparecen en la noche y se desvanecen en la niebla

Reseña en kaosenlared

Nuit et brouillard en imdb